La inmunoterapia es una terapia de carácter biológico que hace uso de las defensas naturales del cuerpo para combatir el cáncer. De esta manera, utiliza sustancias que produce el propio cuerpo o que son creadas en un laboratorio para poder mejorar o restaurar el sistema inmunitario, que de esta forma llegar a destruir células cancerosas. De esta manera se logra evitar el crecimiento del cáncer.

Tipos de cáncer que se pueden tratar con la inmunoterapia

En principio, cualquier tipo de cáncer se puede tratar con inmunoterapia. Los primeros intentos de manipulación inmunológica tuvieron lugar hace más de cien años, pero en los últimos cinco es cuando ha habido estudios clínicos que han podido demostrar su eficacia.

En ellos se ha podido ver cómo ha tenido un impacto significativo en la supervivencia de pacientes con cáncer. Desde el año 2016 se comenzaron a comercializar dos productos con indicación específica para melanoma y cáncer de pulmón metastásicos. Se consiguió observar una mayor supervivencia en un caso en el que hay pocas opciones a nivel terapéutico.

Desde entonces los estudios han podido confirmar la eficacia clínica que aporta la inmunoterapia a la hora de tratar numerosos tipos de tumores como: cáncer de cabeza y cuello; de pulmón; de riñón; melanoma y otros cánceres de piel; linfomas; cáncer hepático; linfomas…

El beneficio se ha podido observar en la fase metastásica de estos tumores, por lo que ha logrado llegar a generar altas expectativas con lo que puede suceder si se incorpora en fases más tempranas de la enfermedad; y es que de esa manera se podría llegar a aumentar la posibilidad de curación.

Diferentes tipos de inmunoterapia

Existen diferentes tipos de inmunoterapia, que son las siguientes:

  • Los anticuerpos monoclonales, que se conocen desde hace décadas atrás, y que se emplean para muchos tumores como cáncer de cerebro, de pulmón, de mama, de ovario, de estómago, de próstata y linfomas. Son unas sustancias naturales que son producidas por los linfocitos contra proteínas propias del tumor.
  • Vacunas específicas contra virus inductores de algunos tipos de cáncer como el virus del papiloma, el de la hepatitis B y determinados cánceres de próstata. Funcionan como cualquier otra vacuna, inyectando sustancias víricas que provocan una respuesta inmunológica a este tipo de cáncer.
  • Inhibidores del control inmunológico. Han adquirido una gran popularidad por el conocimiento de los mecanismos moleculares que los tumores usan para inhibir la respuesta inmune.
  • Terapia celular. Hace uso de las células inmunológicas del propio paciente que, tras su extracción, se les prepara en laboratorio y son devueltas activadas de manera específica contra el tumor que padece. En los últimos años se preparan linfocitos mejor activados con receptores más específicos y con una mayor actividad en todo tipo de tumores.

Al aplicar la inmunoterapia hay que tener en cuenta que puede haber efectos secundarios. Aunque es relativamente específica, no es un tratamiento inocuo y puede desencadenar cuadros febriles e incluso pueden provocar un cuadro clínico similar al de un shock séptico con colapso circulatorio y fallo orgánico principalmente pulmón y riñón que acaba siendo de todos los órganos y que es potencialmente mortal. 

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